Insignificante
Recordando y andandito,
desarrugando la memoria,
empapelando las paredes
y lavando los rincones.
Embelleciendo, elaborando,
somnolienta, desapercibida,
escondida y lenta,
así se abre una flor,
así se atraviesan los caminos,
así se borran las huellas
que nunca quisieron estar escritas.
Una mota de mente es insignificante.
Inmunidad

Desde la inmunidad de la que vive con paciencia,
con la cara lavada por la risa tranquila
y los pies descansados
inicié la marcha, mi marcha continua.
Me importa bien poco escuchar sirenas,
que me lluevan palabras ácidas
y que la estructura externa se tambalee con toda la red social.
Quiero cimientos y soy sólida.
Ya no busco lo esencial, pues lo tengo en el horizonte.
Mi marcha es esencia.
Y repito, me importa un carajo que se caguen con los cambios,
hago mi arquitectura como a mí me da la gana,
por algo es mía.
Si las miradas se apartan y los comentarios son
habitantes de cuartos trasteros, oscuros y punzantes,
escondidos y latentes en cada gesto,
llegará el tiempo en que se extingan,
pues no me molestaré ni en darles audiencia.
En mi marcha, mis manos sólo abarcan un ramo de flores
y la lluvia deberá regarlas, porque yo estoy en otras cosas.
Reencuentro
ni recorrer kilómetros hacia ojos desconocidos,
sigo sin creerlo,
pero me resisto a la deseperanza.
Soy una vanidosa, me gusta que me lean.



